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HOGUERA
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Destellos de vida

Ocurrió una vez, que una chispa de amor prendió un fósforo y este, ciego de pasión, acarició una candela. Ella, al sentir el calor y enardecida por el sentimiento, aconteció llama y al descubrirse tan deslumbrante y esbelta, empezó a reír y a cantar y a danzar mientras todos admiraban, boquiabiertos, la sutil proeza. 

Tan bien se lo pasaba compartiendo risas, canciones y danzas, que al poco tiempo, ya no era llama ¡sino hoguera! Una hoguera majestuosa y resplandeciente que durante el día nutría las almas de los viajeros y, por las noches, calentaba sus cuerpos y abastecía de luz sus sueños.

En un rincón del camino, una pequeña candela la observaba curiosa. Era tímida e introvertida, pero también era ambiciosa y tenía un gran sueño: quería ser una enorme hoguera para crepitar tan fuerte, que se callaran los bosques; y lucir tan brillante, que la envidiara la luna. 

La majestuosa hoguera, que con su luz vislumbraba más allá, detectó su presencia y la invitó a salir de su escondrijo.

—Buenos días, candelita. Hace tiempo que te observo, oculta en aquel recodo. Pareciera que esperas alguien.

—En realidad, sí—respondió la pequeña candela—. Estoy esperando una respuesta.

—¡Vaya! —exclamó la hoguera— Ya debes de saber, que para una buena respuesta se necesita una mejor pregunta —continuó—. ¿Puedo saber de qué se trata?

Candelita dudó un instante, pero su deseo era tan fuerte que no se pudo contener. 

—¡Quiero saber tu secreto! ¡Sueño con ser como tú! —le soltó impaciente y con los ojos muy abiertos. 

—Y ¿para qué quieres ser cómo yo? —preguntó la hoguera, con desconcierto— ¿No te gusta cómo eres?

—¡Cómo quieres que me guste! —contestó ofendida— Soy pequeña y poca cosa. Si no cambio, nadie se fijará en mí.

—Yo me he fijado y me pareces bien bonita —contestó la hoguera.

—¡Pero tú no cuentas! —En su tono se denotaba rencor— Tu luz es tan poderosa que puedes ver allí donde otros no ven. De ahí que yo quiera ser una hoguera grande y poderosa.

—¡Ay, candelita! Ni el poder te ayudará a crecer, ni del tamaño dependerá que te sientas insignificante por el resto de tus días.

—¿Qué quieres decir? —preguntó la pequeña candela, confundida.

—Que sólo hay una cosa en el mundo que te hará grande, y por más que te deslumbre el resplandor de mi vestido en llamas, la respuesta que buscas tan sólo la hallarás en la chispa que prende tu corazón.

Y mientras candelita trataba de encontrar el sentido a aquel embrollo de palabras, el viento empezó a soplar canciones de fiesta y la hoguera se alejó riendo y danzando e iluminando a todos aquellos que, sendero abajo, se unían a la verbena.

¡No se lo podía creer! Aquella hoguera que aparentaba ser tan generosa, se había marchado sin dejarle una respuesta. Estaba tan enojada que la rabia le salía por los ojos. Lloró durante tres días y tres noches, y cuantas más lágrimas derramaba, más se desvanecía la luz de su corazón agonizante. Una lágrima más y se apagaría en su enojo para siempre.

Tan solo la brisa de montaña la acompañaba en aquel final improvisado. Al menos, se llevaría su último aliento hacia el valle, donde quizás vería por última vez a la hoguera danzando y riendo y disfrutando, mientras lucía su espléndido vestido de llamas rojas y anaranjadas, con una brizna de azul y un montón de chispas doradas… cómo la que prendía su corazón.

Al salir de la oscuridad y sentir el roce suave de la brisa, la chispa reavivó de inmediato. Era pequeña ¡sí! Pero lucía con más intensidad que nunca y su resplandor llamó la atención de un fósforo que, enloquecido de amor, buscaba un chispa con quién compartir el fuego… Y es que estaba deseoso de acariciar una candela que al sentir su calor y enardecida por el sentimiento, aconteciera llama y, solo entonces, al descubrirse tan deslumbrante y esbelta, comenzara a reír y a cantar y a danzar mientras todos admiraban, boquiabiertos, la sutil proeza. 

Y tanto se amaron, que al percatarse, ya no eran chispa, ni fósforo, ni llama ¡sino hoguera! Una hoguera majestuosa y resplandeciente que durante el día nutría las almas de los viajeros y por las noches, calentaba sus cuerpos y abastecía de luz sus sueños.

Eva Ramírez

Escritora y correctora, especialista en literatura consciente. Organizadora de eventos y formaciones para el crecimiento en equipo.